Podemos afirmar que el Cerrato palentino comparte con sus hermanos vallisoletano y burgalés los caracteres generales de la «castellanía» más tradicional, confirmada ésta por un marcado sedentarismo y una arraigada religiosidad históricas. Sus pequeños núcleos de población conformaban unas comunidades rurales cuya vida social y ritos vitales se desenvuelven en tres vertientes:

  1. Las Festividades de carácter religioso.
  2. Las Festividades propiciatorias del ciclo de la vida.
  3. Las Festividades del ciclo estacional agrícola.

Aunque, como era lógico, se daban interrelaciones entre los tres apartados, manteniendo muchos puntos en común entre todos ellos. Todos los pueblos y culturas han manifestado sus sentimientos a través del movimiento, bien sea de una forma espontánea, «el baile», o bien de una forma ordenada y reglada, «la danza».

 

Las Festividades de carácter religioso

Desde los tiempos más arcaicos, el hombre se ha comunicado con sus divinidades por medio de la danza. La energía que genera el movimiento es punto de encuentro entre lo divino y lo humano, y aquí entroncamos con las «danzas rituales» o procesionales que se bailan delante de las imágenes sagradas, con el objetivo de honrar, agradecer y solicitar favores. Estas danzas en el Cerrato palentino las desarrollan grupos de ocho danzantes vestidos con enaguas blancas y adornadas con cintas o mantones y guiadas por un personaje pintoresco y hasta grotesco (chivorras, birrias, zamarrones, zarragones, cachiburrios o zarrones). Los danzantes realizan sus evoluciones acompañándose de palos o de cintas de colores que trenzan a «el árbol». Son danzas que en su origen eran propiciatorias para reclamar y atraer la fertilidad agrícola y que, tal como se manifiestan actualmente, responden a las adaptaciones llevadas a cabo durante el siglo XIV, para festejar la festividad del Corpus Cristi.

 

Las Festividades del ciclo de la vida

El ciclo de la vida en el ser humano da lugar a fiestas familiares o de la comunidad más próxima, dentro de las cuales se canta y se baila. En nuestros pueblos cerrateños, se celebraban el nacimiento y el bautizo de un nuevo miembro, el acceso a la mocedad, la entrada en quintas, la boda, el respeto a los ancianos y el honran a los difuntos.

 

Las Festividades del ciclo anual agrícola

Dentro de ellas, merecen destacarse en el período invernal, las matanzas y el carnaval. La primera es una festividad casi privada o del grupo familiar más próximo y, en cambio, la segunda es una festividad «más de calle», en la cual se participa con la comunidad. De la Cruz de Mayo a las verbenas de San Juan, se dan los antiguos ritos dedicados a la fertilidad. Y así tendremos, la «plantada del mayo» (hincado de un árbol, por lo general un chopo, en el centro de la plaza del pueblo la exposición de «Los Mayos», muñecos grotescos vestidos con ropas viejas. La “enramada” (por San Juan y San Pedro) y la realización de hogueras, con el objetivo de dar por finalizado el invierno, constituyen o contienen todos los ingredientes que fomentaban las reuniones de la mocedad, acompañándose de rondas, canciones y danzas. En resumen, todas estas celebraciones eran una continua salutación a la primavera. Igualmente era el momento de festejar «el esquileo», con el despoje de la lana de las ovejas. El solsticio de verano, en el mes de junio, también era celebrado en la noche de San Juan (23 de junio), con los saltos a las hogueras nocturnas purificadoras y la fiesta que las acompañaba. Todavía en Baños de Cerrato se disfruta de esta tradición, ya que San Juan es el santo patrón de la villa. El verano iba ligado siempre a la cosecha, siendo tiempo de gran actividad en las eras, canto de agosteros y «gañanadas» con el acarreo. Las vendimias y el otoño constituyen de por sí otro elemento de fiesta, que hace compartir de forma común la alegría antes de adentrarse en la sementera.